Con el budare bajo el brazo. De arepa y migración

Disclaimer: escribo una reflexión sobre la arepa sin ser faaan, a mi me gusta más el pan, el que leuda y tal, pero finalmente entra en la categoría de panificados, y es que la arepa es el “pan” de Venezuela.

A lo largo de nuestras vidas experimentamos encuentros con comidas que nos proporcionan calidez, comodidad, que nos hacen sentir en casa, eso es comfort food. Tenemos un listado de alimentos que no estamos dispuestos a sacrificar, porque nos identifican, nos llenan la panza, el espíritu y hasta el orgullo. También, a lo largo de nuestras vidas estamos en constante búsqueda y mantenimiento de espacios confortables, literal y metafóricamente. Frecuentemente demandamos experiencias estimulantes, para fijar momentos e ir acumulando vivencias. Son éstas las causas que nos hacen sentir tan satisfechos como cuando, por ejemplo, mordemos una arepa.

Me centro en la arepa por ser el alimento más representativo de la gastronomía venezolana, el más versátil también. Es la masa sin gluten (en su mayoría) que va cautivando público sin alardear de esta característica, su modesta hegemonía no distingue persona, es inclusiva por naturaleza y forma. La arepa ya es internacional, está teniendo más alcance que la gesta independentista de Bolívar y que la franquicia del Socialismo del Siglo XXI -🤬😩🤢-, felizmente.

Primera arepa hecha en Argentina con la fulana harina de polenta. Tip: agregar un aglutinante.

No sin mi budare

Somos cientos de miles de venezolanos migrantes por el mundo, ya sumamos cuatro millones sólo en Latinoamérica, según cifras recientes de la ACNUR. Un panorama de soledad y sacrificios reina en nuestras ciudades. La incertidumbre es casi indomable y la escasez es abrumadora, logros de un gobierno de bandidos que entre otras cosas nos cercenó el derecho a surtirnos de alimentos tranquilamente. Si mi memoria no me falla fue en enero del 2012 cuando hice por última vez un mercado decente, completo. Desesperanzados y/o hartos nos hemos ido a «ver quéj lo quej», a buscar mejor suerte, a crear oportunidades, a recuperar lo sacrificado, a darle la vuelta a la vida así como se le da a la arepa.

Para seguir siendo un poquito de lo que somos nos ha dado por asar arepas not matter where. Asar en budare, porque así es como debe ser. Irse con el budare bajo el brazo (en la maleta) es quizá uno de los consejos más sonados en los manuales criollos de emigración, unos cuantos se fueron con él. Confieso que yo me fuí con una crepera, por cuestión de peso, pero evidentemente tenía claro que su función también sería la de asar arepas.

El budare emprendió vuelo, es uno de los objetos que migran. Felizmente en otras tierras se ha encontrado con la harina de maíz precocido, si algo debemos agradecer a Polar es que se ha dedicado a surtir tantos lugares con harina PAN. Aunque reconozco tener sentimientos encontrados al respecto, con lo difícil que es acceder en Venezuela a tantos productos insignes de nuestra nacionalidad y en particular la harina de maíz.

La arepa es, por lejos, el alimento que más nos identifica como venezolanos, incluso su variedad nos encapsula en alguna región; yo que soy andina prefiero la planita y tostada, la de maíz pilado y, obviamente, la de trigo. Nos cuesta andar por la vida sin tenerla presente, porque la arepa es parte esencial de nuestra dieta, de nuestra esencia y vivencias, la arepa nos hace sentir y estar en casa.

Y ahora que somos tantos por todos lados, la casa tiene una dimensión diferente. Casa es donde moraste y creciste, donde mamá te enseñó su método para hacer arepas, donde solías tener tu comunidad, donde una arepera era el punto de encuentro luego de la rumba, donde habías proyectado, donde dabas por sentado la existencia del kilo de harina PAN; pero casa también es el país que anhelas, ese que amasas en tu mente.

Primera arepa hecha con Harina PAN en plena migración. Tip: replique la receta familiar.

La arepa could rule the world

Lo interesante, orgulloso y hasta reconfortante es que la arepa ya es internacional y va teniendo cada vez más presencia. Así como los italianos con sus pizzas, los japoneses con su sushi, pues nosotros los venezolanos con las arepas. Es recién el auge de la masita de maíz grilled and baked por doquier; hay quienes se lanzaron al ruedo mucho antes de ser considerado un tiro al piso, tal es el caso de  Maribel Araújo quien, queriendo simular esa calidez humana que existe en una panadería venezolana, fue pionera de las areperas en Manhattan con su Caracas Arepa Bar. Oigan la conversación que tuvo con Erika De La Vega, catadora de cuánta arepa hay en el mundo, en su podcast En Defensa Propia.

Lindo ¿no? Les comparto además algunas de las propuestas de arepas que más me gustan:

  • White Envelope. Qué mejor asociación que ésta, si la arepa es un sobre apto para cualquier contenido.
  • I am Bananista. Colorida y fermentada, esta amiga sí que le da un peculiar giro a la arepa convencional.

&

  • Are-pita. Dícese de una andina con rasgos griegos, o sea yo, que viajó a Buenos Aires con su masa madre y se puso a hacer una arepa de harina de trigo con la formula panadera.

Primera are-pita hecha con mi masa madre migrante. Un intento fortuito, sin esfuerzo y hasta bonito de juntar mis genes en un producto panificable; los andinos en la arepa de trigo y los griegos en el pita. ¿Nos les pasa que la sangre les pide a gritos ciertos alimentos? Pues a mí me ocurre con las moras, el yogurt, el café, las nueces y ahora con la are-pita. Es como comfort food más tirando a identity food. 😎

El que haya escrito de feelings y arepa fue sugerencia de mi estimada Marisol Hernández (abogada ulandina y javeriana, chévere), a quien agradezco por plantear el tema.

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2 Comentarios

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