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⚠ Arquitectura Irresponsable. Existe, Tengo Pruebas y Cero Dudas

La arquitectura irresponsable nos golpea, nos amenaza, nos aniquila. Esto es un llamado de atención para volver a edificar con responsabilidad.

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Así como conocemos persona(je)s cool y otros no tanto, que son más bien tóxicos (porque en la villa del señor hay de todo); pues también hay edificaciones que nos hacen daño.

Anteriormente como no se padecían tantas catástrofes ambientales: aires contaminados, glaciares descongelados, altas temperaturas que nos afectaran nuestro entorno, no era materia fundamental enseñar la sustentabilidad como requisito para diseñar edificaciones, pues se asume que la arquitectura es bioclimática, pero vergonzosamente no todos los arquitectos y no muchos constructores cumplieron esa premisa, y por ende estamos en este siglo pagando las consecuencias de semejante irresponsabilidad.

El impacto de los rayos solares con los techos de los edificios es un ejemplo de los principales problemas de contaminación más grande; así como la falta de un desarrollo paisajístico en las aceras (veredas) o en espacios públicos, pues al haber tanto concreto y poco verde se generan islas de calor; otro punto es la inexistencia de la ventilación cruzada sobre todo en edificios, obligando cada vez más al uso de aires acondicionados. Esto evidentemente acelera el cambio climático, aumentando las temperaturas y disminuyendo la calidad de vida. ¡Y lo peor es que la gente no se está dando cuenta!

Desde hace unos años existe una certificación que cada edificación construida debe cumplir: «Green Globe», que refiere a «the highest standard for sustainability world wide». Así que si usted un día va a diseñar o mandar a construir con responsabilidad, asegúrese de que ese edificio está cumpliendo con este requisito; que si bien no es la panacea del lío en el que estamos metidos, le da un poco de oxígeno a la Tierra.

He estado en dos oportunidades bastante cerca de proyectos que promueven la sustentabilidad, ¡Ojo!, que para mí todos los proyectos arquitectónicos deberían serlo. La más reciente fue este año en Buenos Aires, cuando participé junto a Hauser, el estudio de arquitectura en el que trabajé, en un complejo de YPF que debía cumplir con todas las de la ley para ser sustentable, bajo los estándares del certificado World Green Building Council (WGBC). Quedamos de segundos en el concurso y con un buen cúmulo de conocimientos, aplicaciones y contactos.

La primera vez fue a mitad de carrera en taller 50, cuando tuve que desarrollar un proyecto arquitectónico responsable: una casa para una familia de cuatro personas, bajo las premisas de la sustentabilidad. La profesora inició con la solicitud de que buscáramos cómo hacer que el aire en reposo aumentara su velocidad, nos advirtió que iba a ser difícil porque ella era la única que sabía la manera. Mientras desarrollábamos el proyecto nos fuimos de vacaciones forzadas, porque en un país de protestas hay paro a cada rato. Para mi mala suerte la profe se llevó el secreto a la tumba, le dió un patatus y tocó enterrarla sin saber cómo carrizo se aumentaba la velocidad del viento cuando éste está a 0km/hr en una edificación. 😐

Evidentemente era un dato super importante, pues siempre debemos diseñar en razón de la dirección del viento, del norte y del clima local, pero cuando no hay viento, es decir, cuando el aire está en reposo hay que hacerlo circular dentro de las edificaciones, así ayudaremos a regularizar las temperaturas internas, evitaremos humedad y espacios con aires viciados, o como yo los llamo: lugares tóxicos. Pasé horas y horas leyendo sobre el asunto, pero creo que nada me convence tanto como lo hubiera hecho aquél secreto no revelado. Así que si ustedes se lo saben o tienen algún dato al respecto, me avisan porfa. 😉

La arquitectura irresponsable nos afecta física y emocionalmente. La falta de luz natural, la escasez de renovación de aire y la falta de vegetación son los primeros culpables de estados de ánimo y emociones negativas. Así como de dolores físicos y de bajos rendimientos en la cotidianidad. El uso inadecuado de colores, texturas y materiales también es responsable de todos estos padecimientos.

Señores, una cosa es arquitectura y otra es mercantilismo de la construcción. Y es que hay edificaciones que se han vuelto mera campaña política y/o ceros a la izquierda en cuentas bancarias, sin tener en cuenta en lo más mínimo el bienestar, esas son las irresponsables. Bloques y ladrillos que sin tener la culpa terminan haciendo más daño por su mal uso que por su existencia; losas, paredes y techos que son construidos tan sólo porque «es lo más barato» y porque «así cobramos más caro».

Chicos, esta bellísima profesión que debe aportar felicidad y bienestar, está siendo usada como un medio para aniquilar poco a poco nuestra calidad de vida. La han convertido en una de las más destructoras del medio ambiente. HEY! No se los estoy diciendo para que detesten la arquitectura, ni a los que nos vinculamos con este oficio, sino para salvarla y salvarnos. Lo digo para que seamos más conscientes de lo que diseñamos y lo que mandamos a construir, para actuar enmarcados en los lineamientos de la sustentabilidad. Esto es un llamado a los estudiantes, a los entusiastas, los arquitectos, los diseñadores, los clientes, los usuarios, a los habitantes, a los (ir)responsables.


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