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Los Balcones Virales. De Pandemia y Neuroarquitectura

¡Quién hubiese pensado que una pandemia le diera vida a los balcones! Esta nueva dinámica entre las personas y su morada, ¿son espacios de libertad? ¿Podría la Neuroarquitectura darnos bienestar?

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26 de Marzo de 2020. Llevo varios días en cuarentena, pero llevo más días viendo, leyendo y oyendo gente también en cuarentena, en otros países, en otras latitudes. Gente deprimida, triste e incluso perdiendo la cordura, quizá porque sufren de claustrofobia, por ansiedad o porque no saben convivir mucho tiempo en el mismo sitio con la(s) misma(s) persona(s) -quién sabe-, lo cierto es que me incomoda pensar que muchos de éstos síntomas sean a causa de una mal habida arquitectura. Una arquitectura irresponsable, pues. Un arquitecto que pensó en un espacio, en una entrada de cash, pero no precisamente en habitar, mucho menos en la neuroarquitectura (y de ésto les hablaré más adelante) o… ¿Cómo es que los espacios ahora después de varios días habitándolos continuamente no nos parecen tan cómodos como antes? 🤔

Estamos aislados de la realidad que veníamos construyendo, todos por igual. ¡Ésto es tan surreal! Nos detuvimos por un momento, ya no somos los mismos. La crisis nos pausa para reconsiderar los estilos de vida consumistas, frívolos, frenéticos. Se cae la primacía de la producción para que tome la batuta la revolución de la reproducción: la crianza, la convivencia, la empatía; así lo comenta la filósofa Svenja Flaßpöhler. Esta pandemia sí que nos puso a repensar la vida, la cotidianidad, el apuro que llevábamos, y hasta los espacios, los nuestros.

Una vez leí:

«La capacidad de supervivencia de una especie depende tanto de cuán atenta sea a las crisis como de si puede desarrollar herramientas para adaptarse y sobrevivir». Anónimo. Clic para tuitear

Los cambios en el entorno cambian el cerebro y por lo tanto, modifican nuestro comportamiento.

Fred Gage, neurocientífico del Salk Institute.

Neurociencia + Arquitectura = Neuroarquitectura

Todo aquello que nos rodea nos influye, porque es información que hace que el cerebro ponga en marcha mecanismos de producción de hormonas que acaban produciendo sensaciones y emociones, explica Elisabet Silvestre, experta en biología del hábitat.

En otras palabras, el entorno puede generar en una persona un sentimiento de seguridad o de ansiedad, puede ayudar a potenciar o afectar nuestra productividad académica, laboral, social o emocional. Dicho de otra forma, la neurociencia permite hacer más humana la arquitectura.

Y como ahora la mente la tenemos con nosotros, en el aquí y ahora, en cuarentena, confinada a cuatro paredes le damos rienda suelta a la expresión en los balcones. Como lo han hecho los italianos, de manera tan enérgica.

Los balcones que dan vida, mientras el coronavirus atenta contra ella.

De espacios y balcones

Yo también he tenido un balcón. Cuando viví en Buenos Aires tuve la experiencia de morar por primera vez en una especie de habitación, y lo digo así porque un monoambiente es éso: una habitación con baño y cocina incluidos. Por suerte había un balcón, y éste era el único medio para ver, respirar o estar en contacto con el exterior. Sí, un balcón sin alma, que poco a poco le fuimos dando vida. Un pallet aquí, unas plantitas por allá, y para rematar un telón de fondo hecho de botellas de vino. Para entonces ya extrañaba la libertad de vivir en una casa con jardín, en un apartamento con más de un espacio, en un lugar con más de un orificio.

Si bien comprendía la importancia de un lugar cómodo y habitable, no fue hasta entonces que entendí el asunto en primera persona. Experimenté los espacios mercantilistas construidos para habitar sólo por horas; para dormir, pero no para ‘estar’. Como les digo, el balcón fue la salvación.

Hay ahora muchos habitando su balcón, balcones olvidados, llenos de peroles, de corotos, convertidos en depósitos. Los balcones que solían pasar desapercibidos ahora son los símbolos de libertad. Me contenta que se hayan (re)encontrado con este pedazo de ciudad dentro de casa, porque para no perder el sentido de la libertad hay que practicarla.

¡Si Mahoma no puede ir a la ciudad, que la ciudad venga al Balcón!

En España y en Italia -mayormente- han ocurrido momentos curiosos, nuevas maneras de socializar con el vecino, de intercambiar información, de acudir a un concierto, de hacer deporte, de protestar, de hacernos sentir, ¿Será que esta pandemia nos llevará a nuevos formatos de vida? Estoy segura que sí, pero ¿¡cómo!? -Me pregunto constantemente, todos los días-.

Navegando en las redes me encontré con Andrés San Juan, fotógrafo venezolano que reside en Madrid y va documentando anécdotas madrileñas; esta vez, desde los balcones.

Conversaba sobre balcones y Barcelona con Victoria Santos, quien me compartió un extracto de alguno de sus escritos. En tiempos de pandemia también se hace poesía.

Pero, ¿acaso los balcones no existían antes? Es que el confinamiento los ha revitalizado y ahora todo el mundo está hablando de ellos. Se han viralizado.

Un vistazo al pasado de los balcones

Los balcones, así como las terrazas y las galerías son elementos arquitectónicos que surgen por la necesidad de tener un poco de exterior dentro del interior. Pero a diferencia de las terrazas o galerías sobre salen de la estructura del edificio, también con el objetivo de generar sombra al peatón. Generalmente las edificaciones -sobre todo las de vivienda- son diseñadas con balcones o algún elemento que permita un poco la sensación de exterior en casa, pero hay muchos que terminan por cerrarlos para ganar espacio en el interior, para bloquear esa sensación, o peor aún, lo convierten en depósito y ahí sí que nanai nanai, no hay para dónde agarrar con ese corotero.

Hay antecedentes de balcones de estilo canario y clásico. Les cuento, el canario posee características de refugio: columnas, techo; para sobrellevar su clima de costa, caluroso y extremadamente seco; mientras que el clásico es abierto, más ligero, menos elementos, sin tanto perolero para climas tropicales y húmedos.

Los balcones suelen existir con el fin de conectarse con el exterior; en las viviendas multifamiliares se usan para tender ropa, cultivar plantitas o huertas y hasta para recibir serenatas (ésto normalmente sucede en los pueblos). Un balcón viene siendo algo así como una ventana, pero en tres dimensiones. Los balcones también se encuentran en los palacios, para dar discursos o ceremonias; en edificaciones religiosas, como por ejemplo el de la Basílica de San Pedro, donde el Papa sale a bendecir a sus seguidores. En los teatros (denominados palcos) para ver todo con mayor altura.

Los balcones son históricamente un elemento simbólico, utilizados en guiones, cuentos, películas. Que si el de «Rapunzel», o en la historia de amor de «Romeo y Julieta». Pudiésemos decir entonces que los balcones son medio burgueses -en su medida-, un elemento de nexo, de conexión, pues su función siempre será relacionarnos con el exterior, o con otros.

Los balcones se están «viralizando» -para bien- o revitalizando por estas dinámicas que relucen en medio de la pandemia. Les dejo un TED de Jeanne Gang, dedicada a proyectos de arquitectura que fomenten buenas relaciones humanas. En su charla muestra a los balcones como elementos estratégicos para relacionarse entre vecinos, para crear vínculos. Porque seguramente antes de todo ésto ni sabíamos que la vecina del frente cantaba ópera, que la de abajo tocaba al piano o que la del frente era entrenadora en un Gym. 🙍‍♀️

Todo el TED está interesante, pero si quieren ir al grano vayan al minuto 4:35.

Considero que esta epidemia cambiará de manera importante nuestros estilos de vida. Veremos.

Recursos usados:


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