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Duelo Urbano, cómo lidiar con la pérdida de una ciudad y qué hacer para rescatarla. Caso Mérida

Conocer por textos, películas o documentales sobre ruinas urbanas no es lo mismo que vivir el declive y colapso de tu ciudad. Tenemos un duelo urbano, escribiendo expresamos el dolor por la pérdida y reflexionamos sobre cómo seguir. Un post escrito a cuatro manos: Pat y Vif son las autoras.

duelo urbano perder la ciudad

Duelo Urbano, una pena colectiva

El duelo colectivo, según la Psicóloga Ana Muñoz, es «un proceso que involucra una sola pérdida, pero muchas personas viviéndola al mismo tiempo y sintiendo casi exactamente lo mismo». Entonces nos atrevemos a decir que un duelo urbano es un duelo colectivo.

Resulta que muchos estamos quebrados, en pena por la pérdida de nuestra ciudad, Mérida. Es duro sentirlo y procesarlo. Quienes estamos afectados pasamos por un shock terrible, negamos la realidad, la ira nos hace colapsar, llegamos a un pacto imaginario de que la vaina se va a revertir, caemos en depresión, y finalmente logramos llegar a aceptar la nueva realidad. Todo eso es lo que hemos venido experimentando los merideños (nativos o adoptivos).

Pero esta situación es colectiva, el apoyo y la empatía permite sentirnos capaces de salir adelante y mejorar a pesar de la adversidad. Nos adaptamos o nos reinventamos a la vida después de lo acontecido.

La Suerte de Mérida

Hay ciudades que seducen, algunas por su frenesí, otras por su encanto. Ése es el caso de Mérida, qué buena suerte la de ella; una ciudad que se ha caracterizado por ser universitaria, juvenil, turística; cosmopolita e innovadora, y a su vez bucólica, tradicional y provincial. Así la describen en las primeras líneas de un libro que le hace gala, «Mérida. Ciudad para vivir, crear y trascender» -¡Vaya título!-, impreso en el 2010 por la Universidad de Los Andes.

A sólo una década de esta descripción difícilmente podríamos afirmar que todos los atributos que tenían a Mérida en un pedestal siguen en pie.

Otrora ciudad en la que la Universidad marcaba el pulso de su ritmo, que su belleza natural -golpeada, pero aún exuberante- le hacía ojitos a propios y a muuuchos extranjeros; la que producía sin pausa y con esmero investigaciones, proyectos y eventos; la que se sostenía con una actividad agropecuaria y alimentaba a otras ciudades venezolanas.

La mala suerte de Mérida se acentuó con el inicio del Siglo XXI. ¡Qué desdicha, justo cuando se suponía que el nuevo milenio traería beneficios! Dos décadas bajo un sistema castrante, de nefastas prácticas y gestores corruptos y mediocres que acabaron con lo que venía siendo la ciudad y sus oportunidades de vida y crecimiento. El cocktail perfecto que dio pie al éxodo, quedando desabastecida de gente.

Con los servicios básicos idos pal carajo y la economía más golpeada que una piñata, las dinámicas urbanas se han contraído a una dimensión inimaginable. El ritmo de la universidad y otras instituciones, la movilidad, la oferta del comercio y la actividad turismo han sido sumamente afectados, ésto aunado al deplorable estado del equipamiento urbano que ha dejado una ciudad fantasma, oscura, ausente, con una accesibilidad por el piso.

La deserción estudiantil de la ULA

Según José Albarrán Peña en su análisis titulado La deserción estudiantil en la Universidad de Los Andes (Venezuela) revela que un 65% de los estudiantes podría haber desertado entre 2015 y 2018, lo cual representa 25 mil universitarios en una ciudad de 248.410 habitantes para el 2015 según datos de la ONU. ¿Las causas? «Falta de oportunidades laborales futuras, aumento de sus gastos personales y académicos, interrupción de las labores académicas por continuas protestas sociales, carencia de recursos económicos, baja formación escolar secundaria y desmotivación, principalmente» -apunta Albarrán -.

El retroceso de un comercio que no quiere morir

Inflación, escasez, motivos para que la gente replantee sus gastos y se reduzca a la mínima expresión: artículos de primera necesidad. Los alimentos -y sólo aquellos que tienen el don de ser prioritarios- han sustituido vitrinas de joyerías, stands de carteras, locales comerciales dedicados a ofrecer cualquier otro servicio, y hasta clubes nocturnos que solían ser el punto de encuentro de estudiantes con unas birras. Bien lo relata Liliana Rivas en su crónica Mérida: una economía gomecista en 2020. Ésto ha dado pie a que ya no exista otra actividad comercial que no sea comprar alimentos, y a que las cotidianas reuniones sociales ya sólo sean un recuerdo lejano.

Escenas de una Mérida golpeada,vacía, fotografías tomadas entre el 2018 y 2020

  • Duelo Urbano. Plaza Las Heroínas. Mérida
  • Duelo Urbano. Rectorado de la Universidad de Los Andes. Mérida
  • Duelo urbano biaci biblioteca-ULA
  • Duelo Urbano. Núcleo La Hechicera. Mérida

Quizá el encanto merideño se había mantenido a través de frágiles burbujas (en materia de emprendimientos y la reducida movida universitaria), reventadas por una pandemia que terminó de confinarnos en casa. Menos mal que queda la naturaleza.

El pedestal en el que estuvo Mérida sigue en la memoria de quienes la vivimos y la habitamos. Su esencia está presente en algunos que aún están en su territorio y en muchos que están en otros lares.

La ciudad que no se puede ocultar

Mérida – Venezuela, es una de las capitales que se sitúa en la Cordillera Andina, que surca toda Suramericana. Edificada sobre la meseta de Tatuy a 1650 msnm y rodeada de un espléndido paisaje que siempre la ha mantenido digna. Su clima es un respiro ante tanta asfixia.

 «No se puede esconder una ciudad que está sobre una montaña» es la traducción del lema de la ciudad de Mérida.

Fundada por Juan Rodríguez Suárez con el nombre de Santiago de Los Caballeros, experimentó varias mudanzas hasta establecerse en la meseta. Una ciudad con dos plazas mayores, epicentros de un urbanismo en retícula, característico de ciudades españolas. La Mérida de Venezuela creció lenta -como buena andina- en medio de las dificultades de su geografía y entregada al saber de su universidad

¿Cómo lidiar con el proceso de la pérdida de una ciudad? El duelo urbano

Muchas ciudades en todo el mundo se han venido abajo por conflictos sociales, quiebres económicos, éxodos, catástrofes ambientales, regímenes nefastos -como es el caso de Mérida- o algún otro acontecimiento que trunque la vida de la ciudad y sus habitantes. Casos emblemáticos son: Varsovia, devastada por el nazismo con la idea de refundarla desde sus ideales, pero finalmente reconstruida por arquitectos y urbanistas locales, quienes desde la clandestinidad iniciaron un plan urbano -¡Qué ganas de hacerlo también!-; otro es Detroit, la cuna de la industria automotriz en Estados Unidos que terminó en bancarrota, con edificaciones destruidas y calles vacías; hoy la ciudad resurge por medio de entes privados y se posiciona como una Smart City -¡Mmm, no es tan descabellada la privatización!-🤔.

Aceptar que estamos perdiendo la ciudad no es nada fácil; así como creemos que los padres no deben enterrar a sus hijos, nunca nos imaginamos ver morir a la ciudad. Resulta que «la historia es cíclica» dice el nonno, y también aplica en ciudades, porque tienen un ciclo de vida. Solemos pensar que la transformación es hacia adelante, hacia el progreso; pero no siempre es de esa manera. ¿Cómo verla morir si aún la caminamos? -pensarán-. Los seres humanos estamos hechos de células y por eso nos desintegramos al morir, las ciudades pueden llegar a experimentar algo parecido; cuando mueren de ausencia, abandono y hasta de desesperanza, la diferencia es que al estar fundadas tienen la capacidad de renacer. Ambos casos son transformación.

Lo importante aquí es aceptar el duelo y evitar perder el sentido de pertenencia urbano y con ésto la identidad del lugar, porque ahí sí estamos graves. Rememorar la ciudad es una manera de lidiar con ello: conserve su esencia en el recuerdo, proyecte lo mejor de ella, pero sobre todo visualice cómo la quiere vivir en un futuro. Tenga en cuenta que la desesperanza y la vulnerabilidad van de la mano, para sacudirlas no queda de otra sino resurgir, generar un plan de reconstrucción y fortalecimiento, en consecuencia volverá la esperanza. Todo es un proceso, más aún el rescate de ciudades golpeadas por la vida.

¿Qué hacer para rescatar la ciudad?

Café en mano, pasando otro rato del duelo urbano, una urbanista local reflexiona sobre qué hacer para darle vitalidad de nuevo a Mérida; Viviana Moreno, «la madre arquitecta» -según La Vif-, plantea que «no es momento de volver, sino de seguir» -sabia mujer-, efectivamente ella ya ha aceptado la nueva realidad y como buena proyectista indaga sobre cuáles serían las acciones pertinentes a considerar.

«No es momento de volver, sino de seguir». @vmtroconis, 2020. Clic para tuitear

Entre sorbos y conversa sugiere que lo ideal sería enfocarse en una actividad, de las tantas que se le atribuyen a la ciudad, para empezar a dinamizar la urbe; una que sea sostenible y dé pie a las demás -¿Es acaso la actividad académica? 🤔, tiene sentido cuando se suele referir a Mérida como una universidad con una ciudad por dentro-. Sugiere también la adecuación y humanización del espacio público por sectores y la consolidación de varias centralidades que provean de comercios y servicios a lo largo de la ciudad. Eso sí, hace hincapié en lo importante que es identificar la base conceptual de los posibles procesos urbanos que se llevarían a cabo:

Regeneración → Rehabilitación → Revitalización

Mejorar

La regeneración urbana se basa en acciones simultáneas, integrales y estratégicas en ámbitos económicos, físicos, sociales y ambientales; transformando y mejorando la urbe degradada. Este proceso no implica necesariamente volver a su estado anterior.

Recobrar

La rehabilitación urbana actúa sobre el área degradada para mejorar sus características físicas, manteniendo en gran medida su identidad y esencia. Es aplicable en la dimensión social, pues recompone el tejido urbano, preserva valores y refuerza la cohesión social.

Vitalizar

La revitalización urbana contempla la mejora económica y social de un sector urbano mediante políticas que fomenten y promuevan la inversión, generando actividades que dinamicen la ciudad y su sociedad, y a la par la mejora del espacio urbano.

Mérida no será la primera ni la última ciudad en ser perdida y -si la hay justicia divina- próximamente regenerada, ni tampoco los merideños somos los únicos que vivimos un duelo urbano, pero vamos entendiendo qué está pasando, cómo llevar este duelo y sobre todo qué hacer para rescatar la ciudad. Así como Varsovia tuvo su grupo urbano y de resistencia moral, y Detroit se levantó con ayuda de entes privados, quizá Mérida pueda encontrar inversores para su rescate, con la universidad como gestora, porque es en ella donde están todos los planes urbanos. Estamos hablando de dar valor al espacio, generar sentido de pertenencia, recrear nuestra identidad y por ende generar bienestar y calidad de vida.

No importa cuál haya sido el evento que destruya una ciudad, siempre será la memoria la que interrogue en el presente los hechos del pasado, para así poder proyectar el futuro que se quiere construir – Juan Carlos Cubero. Clic para tuitear

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13 pensamientos sobre “Duelo Urbano, cómo lidiar con la pérdida de una ciudad y qué hacer para rescatarla. Caso Mérida”

  1. Me gustó mucho el enfoque que le diste al artículo. No podemos perder la esperanza de que teniendo una reserva moral, se pueda reconstruir la Nueva Mérida, con una vida Universitaria y Cultural pujante, llena de vitalidad y con mucho carácter propio, donde el citadino se enorgullezca de vivir en ella.

    1. Patricia Vera Paparoni

      Acertado apuntar lo de reserva moral, es crucial recomponer la sociedad. Ahora, difícilmente el andino se cae, está acostumbrado a los riscos, va lento pero seguro.

  2. Me quedan algunas dudas…por ejemplo: no influye el éxodo en esta decadencia? Somos menos los que habitamos la ciudad universitaria. Por donde empezar para recuperar los espacios? Como hacer un diagnóstico de la ciudad? Crees que los inversores puedan ser externos o internos?
    Me quedo con las ganas de que suceda!!!!

    1. Hola Luch. En efecto, la ciudad está desabastecida de gente y claro que influye en su dinámica actual. Hay gente que ha levantado la data de Mérida y con ellos pudiésemos trabajar en conjunto. El grupo de investigación URBIS de la facultad de arquitectura de la ULA tiene todos esos datos. La madre arquitecto, por ejemplo. Y por los inversores bienvenidos sean, habría que crear políticas al respecto, si son locales mejor, por aquello de la pertenencia.

    2. Patricia Vera Paparoni

      Me queda sonando lo de los inversores porque es un punto que -aunque polémico- me encanta. Yo considero que pudiésemos funcionar privatizando la ciudad, (en el sentido de inversión, de gestión), en el audio tocamos el tema. Hay que hacerlo con mucho tacto, para no malinterpretar el asunto, o sea, no es cerrar las calles ni las plazas ni los parques.

  3. Vivi excelente. Creo que tenemos que aceptar ese duelo en primera instancia sumado a ella las ganas de seguir adi como lo dice la Arquitécto Viviana. NO CAER EN LA DESESPERANZA. aceptar un duelo es saber algo perdido pero que despues de esto resurge la esperanza y las ideas cápaces de lograr un gran cambio hacia un renacimiento. DESMOTIVARNOS ES FÁCIL Y ADEMAS CONTAGIOSO COMO UN VIRUS PERO LA MOTIVACIÓN TAMBIEN ES ASI DE CONTAGIOSA. EL PLAN PARA RECOMENZAR DESPUES DE ESTE PROCESO DE PERDIDA me parece muy puntual y certero. Yo soy super merideña y en el exiloo sueño con volver aun sabiendo la situación desmoralizante en la que se vive allá, pero quiero ser parte del cambio y de lo bueno que podemos lograr en su recinstrucción y en el rescate de la moral de cada unos alli.

  4. Muchas gracias, Lis.
    Sí, en parte esta aceptación del duelo es haber escrito este artículo y aportar para poder entender el proceso que estamos llevando como sociedad. Tenemos un montón de herramientas para reconstruir la ciudad, esperemos que la vida nos dé esa oportunidad.

  5. Claudia Guerra Cafoncelli

    Disfruté tanto el texto que olvidé que hablaba de duelo por una ciudad, vuestro duelo es mi duelo, lo he vivido con Maracaibo y con Mérida en este caso por nunca haberla conocido, ni en sus años de gloria que narra mi padre quien si la vivió en los años 60, ni estos últimos tiempos. Un encanto la lectura, me quedo con la idea que la desesperanza y la vulnerabilidad van de la mano y siento disentir gustosamente, pienso que precisamente en la vulnerabilidad está ese flanco a aprovechar, pulir, reforzar (si preferimos una referencia estructural). Café en mano, brindo con ustedes por esta evocativa lectura, nos seguimos en la construcción de los siguientes capítulos de las ciudades que todavía tienen historias por escribir, las de nuestra generación y las siguientes.

    1. Qué hermoso comentario, qué delicia que hagamos feedback café en mano. Bien que apuntes tu parecer, que acá estamos unas no absolutistas para flexibilizar la postura y decir -oye pues sí, viendo en retrospectiva nuestra vida, tienes razón Claudia-. Un abrazo cálido, siempre bienvenida por acá (por esta web y por Mérida).

  6. Yvannia Gonzalez Querales

    Me ha encantado el artículo, ya que ando muy en la onda de conocer de la arquitectura como hobby. Ese duelo urbano llevo mucho tiempo sintiéndolo, y aunque como dices se vive colectivamente yo no hablaba mucho de ello. Soy de Quíbor – Lara, y ya no me gustaba ir a Barquisimeto, porque ver mi pueblo deteriorado me deprimía, pero ¿qué más?: ¡aquí vivo!, y al ser pequeño y ver pocas calles todos los días no lo sufría tanto; pero ir a nuestra capital y ver extensas zonas en ruinas, me partía el corazón y sentía una nostalgia terrible. Llegué a andar por calles desiertas, con mi cara llena de lágrimas. Era eso: un duelo urbano. ¡Qué gran concepto has creado! Pero como todo duelo, comencé a aceptar la pérdida. No esa pérdida desesperanzada; sino esa de que debo mantenerme en resistencia activa contra este régimen, hacer lo que esté de mi parte, y esperar nuevos tiempos. Ustedes pueden decir: “Menos mal que queda la naturaleza”, Dios bendiga los paisajes andinos; nosotros no. ¡Si vieran el estado en que quedó la Cinemateca de Barquisimeto, y la avenida Uruguay que va de ahí a la avenida Circunvalación!

    Todos tienen algún tipo de “morbo” como la sangre o el fuego, yo confieso que el mío era las ciudades abandonadas. Mi sueño dorado era conocer Prypiat – Ucrania, también ir a ver las ruinas de la sede del partido comunista en Bulgaria; como que me daba un “yonosequé” ver los desastres del comunismo en el mundo. ¡Hasta que nos tocó vivirlo en carne propia! Un día iba por la avenida Bolívar en Valencia, y cuando vi el Teatro Guaparo en semejante abandono fue que caí en cuenta que Venezuela ya estaba como cualquier país de la antigua Unión Soviética.

    Estoy convencida de que a Venezuela aún le falta llegar a lo peor, y que aún no ha tocado fondo. Se viene un régimen de horror y terror con otra cara. Luego es que vendrá la anhelada intervención, y el nacimiento de La Nueva Venezuela. (Soy cristiana, creo en algunas profecías). Quizá perderemos aún más, algunos profetas han visto ruinas. Puede que por uno u otro medio nos sea quitada aún más, la historia retratada a través de nuestra valiosa arquitectura. Yo por mi parte he decidido en la medida de lo posible por la inseguridad, llevar un pequeño registro fotográfico de lo que queda y me gusta. Por ahora he comenzado por Caracas, aunque tengo por organizar algunas fotos de otros lugares. Si gustan pueden echar un vistazo a mi humilde álbum de imágenes Art Deco; en la Web hay mejores fotos, pero estas son mías y las he hecho con cariño. No soy fotógrafa, sólo soy una caminante con camarita o celular en mano. Pronto iré subiendo más fotos y abriré otro álbum de arquitectura en general. He aquí el link, bienvenido el que quiera.

    Fanática del Art Déco (sobre todo del Streamline Moderne), en especial de la arquitectura. Voy caminando por las calles…

    Posted by Yvannia Gonzalez Querales on Sunday, May 24, 2020

    Otra cosa más que tengo pendiente para disfrutar lo que aún conservamos, es el deseo de realizar esos recorridos urbanos que hacen en Caracas. Soy una eterna enamorada de la capital. Hace poco estuve en Bogotá, y fue imposible no comparar la capital de la hermana República con la nuestra: ella es fría, organizada, monótona con sus interminables edificios de ladrillos rojos… y no pude evitar pensar: amo a Caracas y no la cambio por ninguna, con su diversidad, su caos, su gente amable… esto es verdadero amor. Hay que amar a nuestra Venezuela como amamos a nuestros seres queridos, con lo bueno y lo malo.

    Saludos desde el estado Lara.

    1. Patricia Vera Paparoni

      Caramba, Yvannia, tu comentario ha sido todo un viaje. Tanto y tan preciado contenido. Qué lindo que la arquitectura sea incluso un hobby, creo que no lo había visto así, pero te voy a tomar la palabra.

      Ese duelo cuesta identificarlo, sobre todo porque solemos estar en negación. Una vez internalizado, digerido y aceptado, el cuento es otro. Nos pasó que abandonamos el país por casi dos años, y al volver la imagen de esta ciudad -particularmente- era otra, fue allí cuando empezó la reflexión, la charla cotidiana, la aceptación de una pérdida urbana.

      Genial que estés documentando esos escenarios, serán bastante necesarios para esta historia que vamos siendo.

      A mí también me encanta la capital pero hace tres años viví allá y fue lo que me terminó de expulsar del país. Bogotá es hermosa. Por cierto, que el artículo anterior a éste se trató justamente de un montoncito de anécdotas de varias ciudades, movido por la nostalgia y la añoranza de volver al ruedo. Acá lo puedes leer: https://t.co/QRd6kw6pWz

      Mil gracias por tu comentario.
      Nos encantó.

      Saludos desde la meseta andina.

  7. «Hay ciudades que seducen, algunas por su frenesí, otras por su encanto. Ése es el caso de Mérida,» A mi Mérida me sedujo y me enamoró desde mi primera visita, creo que por los años 1995 o por allí. Tanto fue la comodidad que sentimos que papá eligió tener un apartamento en Santa Bárbara, en el cual he pasado casi todos los fines de año que me han sido posibles. Amo tanto su ciudad que dije que si me casaba en la iglesia debía ser en la Catedral, no importa de donde fuese mi pareja.
    Entonces, he vivido el duelo en pequeñas dosis y el último choque, en enero de 2019 fue super rudo. De conocer la ciudad más limpia del planeta, a ver toneladas de bolsas de basura en las islas de las avenidas principales, no les puedo contar.
    Sin embargo, tanto yo como mi familia, aún la amamos con locura. Mami se puso triste de no poder recibir el 2020, como siempre… Consideramos que era muy complicado que mis padres, de casi 80 añitos, pudieran defenderse con los temas de servicios públicos y etc.
    ¿Esperanzas? ¡No podemos perderlas! Solo el altísimo sabe lo que los UCVistas sentimos de ver un techo caerse y que lo que sienten ustedes, también los sentimos los que vivimos en cualquier ciudad de nuestro hermoso país.
    Solo les puedo decir que este post / podcast me movió muchísimo, me hizo aceptar y cuestionarme acerca de qué responsabilidad como ciudadana tengo. Hay mucho por hacer. Las buenas noticias es que con ustedes contamos. ¿Verdad?

    1. El duelo ha sido largo y tendido, inimaginable incluso. Un no lugar el que habitamos, uno lleno de recuerdos que desgarran un el alma. La intención de esta reflexión es justamente movernos y hacernos entender que en efecto estamos pasando por un pérdida. Lo bueno es que las ciudades están fundadas, siguen sus edificaciones de pie, esa es la representación de la esperanza. Habrá mucho por hacer, esperemos que no siga la tradición de las cuotas de poder y que den paso a los que saben, los que sí tienen voluntad; si eso fuese así, SÍ nosotras estaremos ahí, como tantos que están deseosos de contribuir. Gracias Sheila por traernos tu vivencia, un abrazo.

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