La Identidad en un Chocolate con Saní. De Food Design y Diseño Emocional

La ilustración para un chocolate con saní fue un proyecto de food design como bastión de identidad, envuelto en el diseño emocional.


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Es probable que coincidan conmigo en esta sensación: estás en un limbo, en un hueco existencial y de repente alguien cercano a ti, que sabe de tus habilidades, te llama para darte un apretón de confianza. Eso ocurrió conmigo al hacer la ilustración para el empaque de un chocolate con saní. Se me hizo agua la boca y la mente cuando fui invitada para completar la experiencia sensorial de ese producto de consumo.

Venía metida de lleno con el estudio y la aplicación del Food Design y me sentía en un ámbito conocido, al que le quise dar una buena envoltura con el Diseño Emocional. Respiro, el diseño me salvará. Mi vida en ese momento lo necesitaba. Es por eso que le tengo tanto aprecio a este side project.

La ilustración, un side project

Aunque he dibujado toda mi vida, no me he dedicado a ilustrar profesionalmente, pero esta oportunidad me permitió saborear las mieles de un side project. Algo que realizas con el entusiasmo a mil porque te apasiona, te motiva y te place, y termina convirtiéndose en una especie de recompensa.

Cuando interactúan lo que disfrutas y las habilidades en marketing, los side projects o proyectos paralelos son rentables: producen un beneficio monetario, divulgativo y/o personal, resultado de la inversión y del trabajo hecho. Suele ocurrir cuando el producto se pone a prueba, es visto por el público y cala. Eso experimenté con este proyecto.

El Food Design bastión de identidad

Me quedo corta si solo catalogo al proyecto como un trabajo de ilustración, porque desde mi pensamiento como diseñadora, suelo visualizar sistemas. En realidad fue el desarrollo de un alimento, un producto de consumo enfocado en la identidad. Ejecutado por un grupo multidisciplinario en el que yo intervine para completar la experiencia sensorial, en la que incluí el diseño emocional y el storytelling.

El producto desarrollado es un tándem magnífico: una barra de chocolate 60% cacao venezolano con saní. La identidad a rajatabla: el cacao reconocido como el mejor del mundo, y el saní la especia más merideña y tímida que puede haber.

Una barra muy venezolana

La barra fue una edición especial de Mantuano Chocolates, dedicados al bean to bar y que invita artistas y diseñadores a poner su impronta en sus empaques. Le acompañó el grupo Andinos Bistró, quien aportó el saní y le dio el marco merideño del proyecto. Esta dupla trabajó para consolidar un alimento con mucha identidad nacional y regional.

Paréntesis. El cacao es el mejor embajador de Venezuela que, a juicio de muchos, puede ser el producto insignia de la reconstrucción del país, y ojalá, mira que necesitamos de sus efectos. El saní es la mostaza andina, resultado de tostar la semilla de las flores del nabo, que pintan de amarillo las laderas del páramo merideño; lo hacen en algunas casas de los pueblos andinos, no está industrializado y aún no se comercializa.

El Diseño Emocional como envoltura

El producto y el proyecto en cuestión no se me hacían ajenos por dos razones: el saní es comfort food para mí, pues en mi familia siempre lo hemos comido con papa sancochada y mantequilla; y en mi coqueteo con el food design he experimentado cómo el vínculo emocional entre un producto de consumo y la gente lo posiciona en su mente, y por eso me he basado en el diseño emocional como estrategia.

Para poder conectar los nodos: el saní, la identidad, las emociones, pongo en marcha el objetivo de la ilustración: escenificar Los Andes, contar una historia. Me baso en Mamá Pancha, mi bisabuela. Una mujer del páramo, con coraje y soltera que cosechaba trigo, hacía pan, recogía papas, tostaba las semillas de nabo y hacía saní. Junto a ella, la timidez andina, una rama floreada de nabo y las laderas con los colores de los sembradíos.

Los humanos comemos para saciar nuestro apetito, nutrirnos y, adicionalmente, para tener una experiencia sensorial. Con los alimentos creamos vínculos que trascienden la necesidad, la saciedad, pues nos enmarcan culturalmente y refuerzan la identidad de la sociedad. Un alimento unifica y a la vez diferencia, dice Cartay. Esto da pié a generar vínculos emocionales cuando se diseña un producto, un alimento en este caso; que según Donald Norman, padre del Diseño Emocional, se da por tres dimensiones: visceral, conductual y reflexiva.

Así, juntando los elementos del sistema: el chocolate, la ilustración del empaque y la narrativa fue como el producto se envolvió con el Diseño Emocional.

Visceral: es el placer sensorial al estar en contacto con el producto

  • Visual: la ilustración, el brillo de la barra.
  • Háptica: la textura del papel, los 100g.
  • Gustativa: el sabor del chocolate con saní.

Conductual: es lo que ofrece el producto, la experiencia que genera

El chocolate cautiva el paladar con su novedosa mezcla con el saní, su suntuosidad contrastaba con los tonos ahumados y los pequeños trozos crocantes. La ilustración era la antesala a un viaje al páramo merideño.

Reflexiva: es la identidad que representa y el sentimiento que despierta

El vínculo emocional se hizo presente en todos los integrantes del equipo, adoptaron a mi Mamá Pancha. La emotividad de la narrativa se enlazaba con la identidad andina. En la presentación del producto la bisabuela (o la bisnieta) conmovió a un público conocedor del cacao, de la gastronomía y de Los Andes.

El chocolate con saní y su empaque ilustrado fue una experiencia sensorial bastante completa. Y es que la selección adecuada y el correcto uso de las herramientas de diseño son garantía de productos con cabida en el mercado y que se posicionan en la memoria y el corazón de las personas. Misión cumplida en otro proyecto de food design, en el que se validó la experiencia sensorial y el vínculo emocional. El side project generó sus beneficios.


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